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  • Rodrigo Dos Santos Macias

La Aceptación, un camino para la mejora personal



Según la definición en el área de psicología, la aceptación significa reconocer las situaciones no deseadas de nuestra realidad sobre las que no podemos hacer nada para modificarlas, aprendiendo a asumirlas (sin quejas ni excusas) y así fortalecer nuestra tolerancia a los fracasos, pérdidas o desengaños vitales. Ante la muerte de un familiar, el abandono del cónyuge o una catástrofe natural, la aceptación de esas situaciones es el inicio para poder poner en marcha una acción reparadora que mantenga nuestra estabilidad emocional. Nos ayuda a intuir nuestros límites sobre lo que podemos o no cambiar de nuestro entorno existencial.


Quiérase o no nos cuesta muchísimo poder tener tanta claridad en el día a día sobre el aceptar lo que ocurre, el aceptar como es otra persona o inclusive auto-aceptarnos. Y la falta de que aceptemos algunos de estos ejemplos conlleva a cargas emocionales ya sean de frustración, enojo, exigir, negar o rechazar.


Debemos tener muy en claro que la aceptación no es la resignación!, ya que esta nos lleva a una inacción al sentir que no se puede hacer nada para resolver una situación dada. Tampoco significa que la aceptación sea acatar o aprobar, sino que es la decisión de admitir y afrontar todas las situaciones que la vida nos regala para poder alcanzar la sabiduría de reconocer la realidad que hay en el entorno, dejando de lado lo que no podemos cambiar y enfocándonos en lo que si podemos controlar, corregir o mejorar.


Cuando decidimos comenzar a aceptar algo, comenzamos a considerar otras posibilidades que nos ayudan a mejorar una determinada situación, esto a su vez genera una flexibilización psicológica que nos permite tomar decisiones entre renunciar o perseverar en una acción que está dentro de nuestros valores personales.


Como comienzo a ejercer la aceptación en mi día a día?


Una de las primeras cosas que se debe hacer es, analizar las situaciones diarias o circunstancias desagradables que suceden en nuestras vidas que no podemos realizar ningún cambio, ya sea porque no depende de nosotros o simplemente porque no tenemos control sobre ellas.


Luego de analizar las situaciones y reconocerlas, debemos iniciar un ejercicio de aceptación de las circunstancias, sean las que sean, alineando nuestro pensamiento y acciones en búsqueda de la aceptación. De esta forma conseguiríamos evitar un gasto de energía y tiempo innecesario.


“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

- Buddha


Para aclarar más la aceptación debe ser incondicional, sin juicios de valor ni oposicionismo, acepto las circunstancias tal y como son, sin “peros”. Por otro lado la tolerancia por ejemplo implica asumir una circunstancia emitiendo un juicio negativo. “Aguantamos” o “soportamos” una situación desagradable pero al mismo tiempo escondemos un profundo oposicionismo o desacuerdo al respecto. La resignación tampoco hace parte de la aceptación, ya que aceptar una situación no significa no hacer nada al respecto, tampoco significa aceptar el malestar para siempre. Por el contrario el pensamiento debe ser, siempre puedo hacer algo para encontrarme mejor ante determinadas circunstancias. Es muy importante concentrarnos en aquello que si está en mis manos, en lo que depende de mí. Sentir el autocontrol, decidir responsabilizarme de mi propio estado de ánimo, para que poco a poco pueda empezar a cambiarlo, sin tirar la toalla o caer en la apatía de la resignación.

5 características de las personas a las que les dificultan la aceptación:


1. Creencias irracionales relacionadas con el control o la responsabilizacion excesiva, como> “siempre se puede hacer algo”, “todo depende de mí”, etc.

2. Baja tolerancia a la incertidumbre: no aceptar la incertidumbre como parte inevitable de la vida, anticipando constantemente todas las posibles variables que pueden acontecer “y si cambia de opinión, y si hay algo que se me escapa, y si en realidad no me está diciendo toda la verdad”.

3. Atribuciones externas: atribuir las causas del malestar a variables externas (la suerte, el karma, etc.) puede dificultar la aceptación de situaciones displacenteras. Como por ejemplo no he sido elegido para el puesto por culpa de la examinadora, es decir culpar a otro/a por mí fracaso.

4. Reglas morales rígidas: la tendencia a interpretar la realidad en términos de blanco o negro, sin considerar los posibles grises o formas distintas de funcionamiento.

5. Intolerancia emocional: Cuando aceptar la situación supone experimentar elevados niveles de malestar, se puede tender a negar o a no asumir lo que está ocurriendo (evitación experiencial o cognitiva).


Muchas veces existen circunstancias por la cual se nos hace más difícil aceptar la realidad, algunas de estas situaciones pueden ser:

Existen muchas situaciones que son mucho más difíciles de aceptar que otras, en función no solo de recursos personales, sino también del grado de interferencia que puede generar dicha situación. Por ejemplo, sería más fácil aceptar que un familiar va a fallecer de cáncer tras un proceso largo de enfermedad, que si el fallecimiento es repentino o inesperado. O el aceptar un despido laboral teniendo un colchón económico o por el contrario, generando problemas económicos y de mantenimiento. Por lo tanto el nivel de gravedad de la situación, en función del ajuste de expectativas o sorpresividad, el impacto o repercusiones posteriores, etc., influye.


En ocasiones pueden darse simultáneamente varias situaciones vitales estresantes, lo que dificulta la aceptación de las mismas.


El hecho que cuando ocurran circunstancias que requieran poder contar con apoyo social, nos resultaría mejor que a que estuviésemos aislados o desamparados.


Todas las situaciones negativas que aceptamos nos transforman, ponen en marcha nuestras habilidades de adaptación y abren paso al cambio y al aprendizaje, que van a ser fundamentales para el afrontamiento de circunstancias futuras. Algunos beneficios que se podrían obtener se se trabaja en la aceptación son:

  1. Aprendizaje y cambio personal, ya no soy el mismo tras el proceso de aceptación

  2. Mayor ajuste con la realidad, fomenta pensamientos más racionales y objetivos.

  3. Resiliencia y fortaleza para manejar situaciones futuras.

  4. Paso a la acción: búsqueda de soluciones, desbloqueo.

  5. Ahorro de energía y tiempo, optimizar mi malestar sin magnificarlo.

  6. Autoestima, sensación de capacidad y de control personal.


“Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear con una situación que no puedes cambiar”

- Dalai Lama

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